Caducidad anticipada
650.000 horas, eso es una vida.
En estas fechas me han regalado un libro: Una breve historia de casi todo. Lo pedí expresamente a pesar de que soy un vago para leer no tengo mucho tiempo. Me gustó mucho ya que ofrece muchísima información científica explicada sin excesivos tecnicismos pero llamando las cosas por su nombre, el título además me pareció elegante, apropiado e interesante, aunque sus más de 600 páginas me “asustaban” un poco.
He empezado a leerlo y reconozco que sus primeras frases me han cautivado. El autor parte de una experiencia personal, la cual me permitió ver su gran curiosidad, su interés en aprender, su constancia, por lo que me sentí muy identificado.
Suelo dedicar gran parte de mi tiempo en mantenerme informado, a llenar mis neuronas durante mis ratos muertos y no tan muertos de datos. No siempre sobre cuestiones que me gustan pero cuando se tiene esa “necesidad” casi cualquier tema te resulta válido.
Es ese dato que he comentado al inicio de esta entrada, esas 650.000 horas, las que me han motivado para escribir la misma.
No quise detenerme a pensar en ello de una forma agobiante, ya que no es lo mismo “saber” el tiempo que te queda en años que en horas, pero a decir verdad, lo primero que pensé fue que era poquísimo tiempo y que en líneas generales, a muy poco del mismo le logro sacar verdadero rendimiento. Esto es algo que ha estado rondando por mi cabeza y en lo que he ido profundizando a lo largo de estos días gracias también a nuevos problemas que han ido apareciendo, pero hoy no quiero hablar de eso, quiero hablar de vivir, de tiempo.
Una vida no es ni se basa en una persona, ni un objeto, una profesión o afición, ni tan siquiera una ilusión o una decepción aunque a veces parezca que sí (o al menos no debería). Todo esto tiene dos factores en común: todas son piezas y ninguna es para siempre. Lo único que está ligado siempre a nosotros es, valga la redundancia, nosotros mismos.
Ahora definiría la vida, en el sentido más individual e íntimo, como el conjunto de experiencias y sentimientos, nuestros pensamientos y reflexiones, es la mezcla de lo que tenemos “de serie” con lo que nos vamos encontrando. Veo la vida como un contenedor, en el que cada uno ponemos o quitamos según nuestras posibilidades y necesidades a lo que hay que unir lo que los demás aportan, tanto bueno como malo.
Hacia adelante o hacia atrás, correcta o incorrectamente, sin hacer nada o haciendo, vamos siempre hacia una dirección.
Como ya he dicho en varias ocasiones, no soy una persona de marcarse x propósitos por año nuevo, tampoco de marcarme objetivos porque a veces no siempre es factible alcanzarlos pero sí he pensado que una manera de no caer en la dejadez causada por la vagancia, desmotivación, problemas, falta de tiempo, etc era marcarme precisamente unos objetivos, pero no a largo plazo, no varios que dependan de múltiples variables. Porque, aunque no los cumpla, el simple hecho de establecerlos implica dar un paso, que es mucho más de lo que tengo ahora.
Como me conozco se me ocurrió plantearlo de la siguiente forma: establecer una meta semanal, 48 objetivos para las 48 semanas restantes del año. Pero no quiero ceñirme a uno en concreto, es decir, la idea es tener una lista con los suficientes propósitos que me brinden la oportunidad de escoger el que mejor se adecue al momento y establecer una semana de tiempo para cumplirlo, suficiente para llevar a cabo una tarea sencilla. Me gusta porque como dije antes al menos esto representa un paso, es algo muy simple, me brinda flexibilidad y además la recompensa puedo verla en un espacio corto de tiempo.
Lo primero será, obviamente, pensar qué va a recoger esa lista… Voy a mezclar un poco de todo, introducir algunas cosas que difícilmente haría junto a una gran mayoría de cosas fáciles que siempre me apetece hacer y no hago. Creo que todo esto junto a la agitación que llevo ya este año, puede aportarme algo más de dinamismo y, quizás, en la 8760º hora del año o un poco más adelante podré decir que he alcanzado 48 objetivos, podré recordar que empleé un mínimo esfuerzo en alcanzar algo en lugar de tener mi mente vacía de recuerdos, ocupada únicamente por mis divagaciones y delirios.
Tengo cada vez más presente lo poco que dura esta vida, el efímero paso que representa este viaje y que mayor es mi ansia y ganas de aprovecharlo, pase lo que pase, le pese a quien le pese.
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