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¡Felices Fiestas!

Esa creo que es la frase que más se suele escuchar en estas fechas. En muchas ocasiones pienso que más que felices fiestas deberían de decir: “¡qué te gusten los regalos!”, porque esta época es sinónimo de ellos, es inevitable pensar así (dejando de lado, lógicamente lo que representa estar con la familia, que son muchos los que, como se suele decir, “regresan por Navidad”). No quiero entrar tampoco en el tema del consumismo porque eso debería quedar para otra entrada y en otro momento. Pero sí debo reconocer que el “Felices Fiestas” me recuerda también un poco al típico “¿cómo estás?” de compromiso. Una forma de iniciar una conversación sin que probablemente sea de tu interés cómo está esa persona. A estas frases podríamos añadir una larga lista, estoy convencido de ello. Pero bueno, tampoco podemos pedir que algunas personas o la sociedad en sí misma no sea hipócrita o que cambie, eso sería una utopía.

Independientemente de lo que para cada uno representen estas fechas, lo que sí es cierto es que son realmente especiales, al menos para mí. Yo, que a pesar de vivir en una isla con una temperatura generalmente agradable, soy más amigo de los días fríos, nublados e incluso de la lluvia y casualmente coincide (a excepción de algún día que hacer un calor como si estuviésemos en verano) con las fiestas navideñas. Me gusta salir a la calle, pasear relajadamente y notar ese fresquito en la cara mientras disfrutas de la combinación de iluminación y colores que se utilizan en estas fechas, de los escaparates más llamativos que nunca, del bullicio y el ambiente que se genera, en resumen, de todo lo que sólo en esta época se puede disfrutar. Otra cosa que me encanta es regalar, pensar en qué es lo que más ilusión le puede hacer a mi gente, para posteriormente intentar sorprenderles en estos días tan señalados, únicos al año (independientemente de cumpleaños y demás) con las cosas que más desean. Para mí es un placer verlos contentos una vez obtienen esos pequeños “trocitos” de felicidad. Por extraño que parezca siempre he preferido regalar a que me regalen. Reconozco que soy bastante complicado para ello, intento facilitar la labor pero a veces es muy difícil (y más siendo un tecnoadicto!). Lo único que no me gusta son las aglomeraciones de gente…buff, la verdad es que con eso no puedo, me agobio enseguida.


Por otro lado no dejo de pensar en esa otra “parte”: en los que están más necesitados. Ciertamente es innegable que si todos pusiéramos un poquito de nuestra parte (yo el primero) muchos podrían vivir en una mejor situación, y no precisamente sólo este día del año… hay cosas esenciales, básicas para todo ser humano, y son muchísimos los que están desprovistos de ellas. Cada uno de nosotros vivimos nuestra vida, situaciones particulares y en ocasiones difíciles pero nunca comparables a una situación en la que tus necesidades primarias ni siquiera estén cubiertas. Pero el mundo es así…y a pesar de todo sigo pensando en que todo se puede cambiar empezando por nuestro círculo más cercano…
 
En fin, hasta aquí mis reflexiones por hoy. Ya va quedando menos para que comience otro año y en breve tocará hacer balance de nuevo, pero en esta ocasión del 2009, de las alegrías que ha dado y de las tristezas que he vivido…

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