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¿Por qué mentimos?

El otro día por casualidad vi de pasada (es que yo apenas veo la televisión, la verdad) el programa “El juego de tu vida” (ni siquiera recordaba el nombre, he tenido que buscarlo en internet). Antes que nada, para los que no lo conozcan, explicaré brevemente en qué consiste. Te realizan un total de 21 preguntas distribuidas en 6 niveles a las cuales deberás de responder sólo con un “Sí” o un “No”. Estas preguntas se supone que son elegidas de un listado de 100 o 200 preguntas (no lo recuerdo con exactitud) que hacen referencia a acontecimientos relevantes de tu vida. Imagino que estas preguntas las aportarán miembros de la familia, amigos, etc del concursante, aunque viendo las preguntas que salen no sé si llamarlos familiares/amigos u otra cosa un poquito más fuerte. Si eres lo suficientemente honesto y dices la verdad en las 21 preguntas te llevas 100.000 euros. Un gran premio pero con un coste más que elevado a nivel personal. He de reconocer que el programa me parece un poco teatro y no me termino de creer las cosas que pasan, pero independientemente de esto lo que quería destacar era la mentira (o la verdad, según se mire), la cual es la protagonista de esta entrada.

Negar que todos hemos mentido alguna vez es tan estúpido como negar nuestra propia existencia, además de la más grande de las mentiras. Eso sí, todos las decimos pero nadie quiere ser mentido. Lo empezamos a vivir desde la más tierna infancia. ¿Quién no ha mentido para evitar que su madre/padre le eche una bronca? Bueno, eso le afecta ya a algunos aunque sean bastante mayorcitos… La cuestión es que toda mentira tiene su justificación y para mí va ligada íntimamente a la moral y conciencia de cada uno de nosotros. Los motivos por los cuales mentimos son variados: aparentar algo que no somos, evitar algún problema, ahorrarse una bronca, el no reconocer un error y un largo etcétera. La mentira es un recurso para algunos inagotable y casi lo convierten en su forma de vida. La peor mentira bajo mi punto de vista es la que perjudica a alguien gravemente o la que nos hacemos a nosotros mismos para no darnos cuenta de la realidad respecto a alguna cuestión en particular.

Personalmente nunca me he llevado bien con la mentira, ni con sus “primas hermanas”: la falsedad e hipocresía. Aunque he de reconocer que he mentido (y bastante), por desgracia más de lo que yo habría querido. ¿Mi justificación? Para la mayoría de los casos tengo una respuesta muy sencilla: evitar perjudicar a alguien, a mí mismo o evitar que suceda algo grave. Las que yo he dicho siempre las he considerado piadosas (qué voy a decir yo, ¿no?).  Para afirmar esto me baso en mi buena fé. Jamás he mentido para perjudicar a alguien ni para hacer daño pero ¡tampoco penséis que soy un mentiroso compulsivo!

Como decía antes, nadie quiere ser mentido. Probablemente con algunas de las personas con las que tratamos a diario ya sean familiares, amigos, compañeros de trabajo/instituto/universidad y demás nos hayan mantenido engañados desde el principio hasta ahora respecto a algo en concreto o de forma generalizada. En estos casos la necesidad de saber si nos mienten o no es aún más importante, ya que nos afecta más profundamente. Esto me recuerda a la serie “Lie to me” (“Miénteme” en traducción) en la que un equipo de especialistas en detectar mentiras (a través de los gestos, la voz y expresiones) colaboran en diversos casos para su resolución. A mí me encantaría ser uno de estos especialistas porque me gusta saber la verdad de las cosas, saber en quién puedo confiar y en quién no. Si fuese tan eficaz como lo son en la serie seguramente me llevaría enormes decepciones: Probablemente me daría cuenta de que algunas de las personas en las que confío me han mentido o me están mintiendo sobre cualquier cosa y, si es una persona cercana, me sentaría bastante mal. Podría también ocurrir que igual no estoy preparado para escuchar algunas verdades y a su vez podría terminar por pensar que estaba mejor cuando no podía diferenciar al 100% quién mentía y quién no, porque como se suele decir: la ignorancia es la felicidad.

Desde aquí os dejo mi reflexión y por supuesto os animo a ser vosotros mismos y a no mentir, o al menos lo mínimo posible, a poder ser en cosas intrascendentes, no en las cosas importantes ni a personas que os importan. También como se suele decir: “las patitas de las mentiras son muy cortitas” o “se coge antes a un mentiroso que a un cojo”. Lo mejor es ir de cara, ser claro sin ser duro, transparente pero con tus reservas, no hay necesidad de complicarse la vida con las mentiras porque muchas veces, una mentira lleva a otra y suma sigue… y al final se termina convirtiendo en una bola que gigantesca que ha ido creciendo y creciendo cada vez más hasta el punto de convertirse en casi insostenible. Hay gente que le compensa (conozco varios casos) pero a mí sinceramente, nunca mejor dicho, no me satisface en absoluto.

Al fin y al cabo mentir a alguien también implica mentirte a ti mismo y en ocasiones, detrás de estas mentiras se encuentran tus miedos y frustraciones, por lo que cuanto antes los afrontes, mejor será para ti.

Para terminar he de comentar una curiosidad: Puse el título de la entrada, tal cual está, en el buscador de la gran G y el primer enlace que aparece te lleva a la web de la Editorial N.A. en la que se habla de este tema (concretamente en la Revista Esfinge). Aunque he preferido leerlo posteriormente a la redacción de la entrada (para que no interfiriera en lo que realmente quería transmitir) y me ha resultado de lo más interesante, por lo que os recomiendo su lectura.

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Categorías:Personal, sociedad Etiquetas: , , ,
  1. Beatriz H.C.
    enero 25, 2010 en 8:39 pm

    Mi problema no es la mentira… es la imposibilidad de decir NO. Es un problema igualmente, y a veces se paga más caro… en fin.

    Me gustó mucho tu reflexión, totalmente acertada. Yo también me gustaría ser como la morena de “Miénteme” (o Lie to me), pero deber ser duro saber que te están mintiendo o qué sentimiento esconden en 1 microsegundo…

    PDT: Qué gran alegría ver más entradas aquí! Ya no me perderé ninguna, te tengo en mi Google Reader! 😀 Besos!

    • enero 26, 2010 en 8:21 am

      Un placer que te pases por aquí con lo justa que estás de tiempo; te lo agradezco enormemente y también que dejes tus comentarios.

      También no saber decir NO es un problema. Cuando era “pequeño” tenía ese…digamos defectillo. Te lamentas por no haber dicho que no, eso sí, una vez has entrado por el aro… Creo que esto es como todo, hay que ir empezando poco a poco. Es como la timidez, yo empecé a intentar quitármela (porque aún lo soy) preguntándole a desconocidos por la hora 🙂

      Creo que saber toda la verdad al final termina siendo perjudicial… es como ser inmortal: ¿de qué te sirve si todos tus seres queridos ya no están aquí?

  2. marzo 29, 2010 en 9:38 pm

    “no hay necesidad de complicarse la vida con las mentiras porque muchas veces, una mentira lleva a otra y suma sigue…”
    Me encantó la frase esta, no sé si por la redaccion que tiene o por la verdad tan clara que encierra.
    En conclusion, tienes razon, al final del cuento las mentiras solo han complicado la historia

    • marzo 29, 2010 en 9:44 pm

      Muchas gracias. Leí en tu blog que casualmente también comentabas este tema. La verdad es que hemos tratado muchos temas similares y eso da mucho sobre lo que pensar 🙂

      Me alegra que me des la razón, porque siempre la tengo, jajaja, es broma. Gracias Elu 🙂

  3. marzo 29, 2010 en 9:59 pm

    Jajajaja sospechooosoooo ¿y si quizás comos gemelos separados al nacer en distancia y en años? :O :O :O :O :O
    O es que quizá somos del mismo planeta y punto xD
    P.D: Yo no soy terricola xD

    • marzo 29, 2010 en 10:01 pm

      jajaja, eso sí que ha estado muy bueno. Justo me iba a ir a la cama y acabo de soltar una carcajada al leer esto. Si tú no eres de la tierra y lo sabes a ciencia cierta, inevitablemente voy a tener que pensar que yo tampoco lo soy 🙂

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