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Algunas cosas cambian, otras no tanto


Durante este fin de semana, charlando con mi familia, he recordado muchas cosas del pasado. Varias de estas cosas me demuestran cómo he evolucionado durante todo este tiempo. ¡No todas las cosas que voy a comentar en el blog van a ser negativas! Voy a describir cómo fueron algunas cosas en su día y cómo están en la actualidad, además con esto me podéis conocer un poco mejor:

  • Sobreprotección: Siempre he estado sobreprotegido por mi familia, pero sobretodo por mi madre. Esto se nota lógicamente más cuando eres un niño que cuando ya eres adulto. Aunque hoy día aún sigue siendo así (las madres siempre serán madres) me he dado cuenta de que el rol está cambiando. No me refiero explícitamente a proteger a mi madre si no en líneas generales, en mi familia, mis opiniones y decisiones han tomado mayor relevancia con el paso del tiempo hasta el punto de convertirme, junto a mi madre,  en una de las “cabezas pensantes”. He ocupado (tampoco hay mucho dónde elegir…) ese hueco masculino decisivo y necesario que se quedó vacío al fallecer mi abuelo hace años y por la ausencia de un padre en condiciones, que por otro lado también falleció. De siempre he tenido el carácter y las cosas suficientemente claras para llevar a cabo este papel, pero ciertamente es hoy, cuando miro atrás y veo la cantidad de cosas que he tenido que hacer, las decisiones duras que he tenido que tomar (que incluso han provocado estar en contra de la mayoría), cuando me doy cuenta de la dimensión de las mismas.
  • Madurez: Este punto tiene mucho que ver con el anterior y seguramente con los posteriores, pero quería hacer una mención a parte porque tengo que explicar algunas cosas. Siempre me he considerado maduro pero tengo que reconocer que con los años algunas cosas ya no las veo o no me las tomo como antes. Me he dado cuenta de que viví mucho tiempo estancado pensando algo ( o más bien muchos “algos”) que creía cierto y que ahora he comprobado que fueron un verdadero error. Agobiándome más de la cuenta y sufriendo por tonterías. Desgraciadamente llegar al punto en el que la madurez y la juventud se crucen es difícil o si llegas, ya no puedes llamarlo juventud, si no madurez… Hoy en día me siento más viejo de lo que realmente soy aunque creo que aún estoy a tiempo de poder solucionarlo (no, con cremas obviamente no). Ciertamente los años te dan experiencia, aunque muchas veces ésta haya sido odiosa. Afortunadamente la base real de la madurez que tengo hoy día la he tenido siempre, y eso también me ha servido en el pasado.
  • Sigo siendo un niño: Dicen que no debemos perder ese lado de niños. Yo creo que lo conservo y lo demuestro con ¡mis ganas constantes de jugar! Siempre he sido un juguetón… Recuerdo intentar convencer a mi hermano (que es un poco menor que yo) en ocasiones para jugar o hacer esto o lo otro cuando él prefería hacer otra cosa: ver la tele, estudiar, etc. ¡Eso no quiere decir que no jugásemos juntos! Tengo recuerdos imborrables, anécdotas memorables que jamás desaparecerán de mi mente y corazón. Hoy día no nos vemos mucho, tampoco hablamos demasiado, pero se nota que cuando nos encontramos, esa “magia” que siempre hemos tenido se sigue manteniendo a pesar de todo. Es lógico, cada uno tiene su propia vida, hemos escogido caminos totalmente dispares, pero no olvidamos de dónde venimos ni quiénes somos.
  • Cambios drásticos: Desde que era un niño y vivía feliz hasta ahora he pasado por 2 mudanzas, separación (varias) y divorcio de mis padres, cambios de instituto, fallecimientos, independencia familiar, etc. Todos y cada uno de estos cambios supusieron un punto de inflexión. Afortunadamente por la vida que he tenido en algunos casos lo que para otros sería un grave problema para mí no lo ha sido, incluso lo he vivido con naturalidad y con una actitud mejor de la que esperaba de mí mismo. Son un cúmulo de experiencias que te ayudan a valorar más muchas cosas, a tener las ideas más claras y a estar preparado para lo que pueda venir.
  • Secretos: Siempre he sido una tumba en este sentido… Quizás esto sea debido a la confianza que siempre me gusta brindar a la gente y porque creo que también sé escuchar y en última instancia aconsejar (esto lo puede hacer cualquiera, otra cosa es que sean buenos o malos consejos). Cuando llegas a un punto tal de confianza, comienzan las “confesiones” y te muestran su verdadero yo. Hoy día sigo siendo exactamente igual y como le dije a mi abuela el fin de semana: “Más valgo por lo que callo que por lo que digo”. Me gusta ser así y demostrarle a la gente que pueden confiar en mí, que pueden apoyarse en mí.
  • Errores: Aunque he mejorado en este aspecto sigo cometiendo algunos errores a pesar de mis denodados esfuerzos por corregirlos…Roma no se hizo en un día…pero hay cosas que ya debería de haber corregido y aún no he solventado. Sé que tengo años por delante para cambiar (o eso espero) pero cada vez se hace más cuesta arriba, la verdad, y pienso que si no he podido eliminarlos todavía es que igual no voy a poder hacerlo nunca…Un poco de desánimo siempre queda, pero bueno, cuando se es tan autocrítico y exigente no se puede esperar otra cosa. Jamás voy a ser perfecto, así que como comenté hace poco, conviene saber bien nuestras limitaciones, porque nos permitirán conocernos mejor y afrontar las cosas con mayor seguridad. Me gustaría añadir a este apartado una frase que suelo decir con frecuencia: “Nadie es perfecto, pero los hay que están más cerca y otros que están más lejos, yo tengo muy claro en cuál de esos grupos quiero estar”.
  • Ilusión: A pesar de todas las malas rachas y los desenlaces fatídicos…siempre conservo una pequeña luz de esperanza e ilusión. Aunque esté derrumbado (muchas veces lo he reflejado en este blog) siempre quiero tener la fé de que algún problema se va a solucionar o en que algo que deseo lo voy a terminar consiguiendo… Sinceramente no sé si en ocasiones merece la pena tenerla o no… A veces paso un día, una noche o varios días muy mal  pero después siempre algo o alguien me termina levantando (independientemente de que a veces hay mejores y peores rachas).
  • Carácter: Sigo manteniendo en líneas generales mi buen humor, aunque también mis altibajos constantes. Puede ser un rasgo de inmadurez no pulido o que directamente hay muchas cosas que me tienen “quemado” y me llevan a recaer una y otra vez. Sí que he notado que el mal humor lo saco cada vez menos o por lo menos no por tantas circunstancias como lo hacía antes. Creo que la edad me ha calmado un poco o más bien que ya no tengo tanta energía como antes, aunque debo reconocer que cuando me pongo tonto no hay quien me gane. Por comentar algo relacionado con la energía, recuerdo que antes siempre estaba saltando en mi casa, mi abuela siempre se me quedaba mirando y diciéndome que no paraba quieto, que estaba siempre haciendo cosas, que tenía mucho “nervio”. La verdad es que esa “hiperactividad” ha tenido desde hace tiempo un bajón, pero sí que mantengo ese nervio que decía tanto mi abuela como mi madre, ya puedo estar sentado, que se me nota esa constante inquietud que ¡no me permite estar sentado 5 minutos si no estoy haciendo algo o varias cosas a la vez!

En definitiva esto era una pequeña reflexión que quería dejaros y dejarme aquí porque espero que en unos años, los que me conozcáis me digáis si he cambiado mucho o si sigo siendo más o menos el mismo en estos aspectos y para darme cuenta yo mismo de quién era y ver qué he cambiado. Me gusta hacer con frecuencia estos análisis de mí mismo, aunque no los escriba, porque me resultan útiles para darme cuenta de qué estoy haciendo bien y qué no, ver qué tengo que cambiar para mejorar, porque esa siempre ha sido y es mi meta: ser mejor cada día.

Por último comentar que la foto ha sido tomada de la galería de Flickr de Daccc cuya licencia es Creative Commons.

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Categorías:Personal Etiquetas: ,
  1. Beatriz H.C.
    marzo 10, 2010 en 5:03 pm

    El tema escogido es bueno. Las reflexiones sirven para calibrar nuestra balanza. Determinar eso no es nada fácil, lleva su tiempo… Te agradezco que hayas escrito sobre tí mismo. Me has permitido conocerte un poco mejor.

    Todas las cosas cambian, para bien o para mal. No somos las mismas personas cuando nacemos que cuando alcanzamos la madurez y mucho menos cuando morimos…

    Ten en cuenta lo que eres en el pasado para sobrellevar tu presente y construir tu futuro.

    Un fuerte abrazo!

  2. marzo 10, 2010 en 5:24 pm

    Sí, reflexiono constantemente, aunque en exceso puede provocar que naufrague en mis propios pensamientos y termine perdiendo el norte, o la “objetividad”… Por eso siempre es positivo tratar el tema en su justa medida y hablar con más gente que te aporte otros puntos de vista o en su defecto, complementar los que tienes de cara a buscar esa mejora.

    Me alegra que te haya servido para conocer algo más sobre mí. Forma parte de las intenciones que quería llevar a cabo cuando creé el blog: dar a conocer mi verdadero yo sin tapujos y utilizarlo como herramienta para canalizar el desahogo que a veces es tan necesario.

    Tu última frase recoge algo que me recuerda inevitablemente a diversos momentos de la historia de la humanidad, a la inmensa cantidad de documentales que he visto a este respecto y que siempre nos remiten a eso, a aprender del pasado y no olvidarlo para, como bien dices, construir el futuro. Es un gran consejo que no se debe olvidar.

    Muchísimas gracias por pasarte y aún más comentar. Un beso Bea.

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