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¿Quién te echará de menos cuando ya no estés?

Esa fue la pregunta existencial que me hice a mediodía de hoy cuando volvía a casa del trabajo… Realmente no sabría explicar qué evocó esa pregunta en mi mente, pero sí sé que me hizo reflexionar. Lo primero que hice fue realizar un cálculo “a ojo” de las personas que sé seguro que muy difícilmente podrían superar mi ausencia. Esta cifró llegó a cuatro, sí, menos de los dedos que tengo en mi mano (cualquiera de las dos). ¿Gente que le podría afectar en menor medida? Algunos más de esos cuatro, pero no muchos para ser franco. Posteriormente recordé a los hombres y mujeres que han dejado su propio e inconfundible sello en la historia, ya sea para bien o para mal. Muchos de ellos querían ser recordados a propósito, a otros su éxito o fracaso les “condenó” a su imborrable recuerdo.

No vivo para nada obsesionado con esta cuestión, pero sí que por otro lado he pensado en el bien que le he hecho a mucha gente (siempre desinteresadamente) y lo que he recibido a cambio. Siempre que hacemos algo por alguien tenemos un objetivo, un fin. No tiene por qué ser para aprovecharte de alguien, pero analizándolo llegué a este punto: Si no esperas nada y haces las cosas simplemente para ayudar, ¿Por qué duele el hecho de que no te lo tengan en cuenta? Si realmente haces las cosas sin esperar nada a cambio ¿por qué surge ese “dolor”? Una vez vi en un documental (perdonadme no poder citarlo porque francamente no lo recuerdo) en el que se comentaba que el ser humano no hace nada sin esperar nada a cambio, espera al menos un “gracias”, el mero reconocimiento  por el detalle de habernos preocupado o interesado por alguien. Es algo ligado a nuestra naturaleza.

No deja de sorprender que acciones que puedan parecer de lo más altruistas conlleven intrínsecamente un “interés”. Creo que realmente es así, de lo contrario no debería sufrir rechazo ante la indiferencia, tampoco debería de generar en mí un sentimiento de desilusión o decepción ante una actitud negativa de otra persona. Olvidándonos de esos “intereses” la cuestión es muy simple: soy así.

Pero también es cierto que ser como soy tiene sus inherentes perjuicios o digamos daños colaterales, y uno de ellos es la constante decepción ante una situación que me parece injusta, que me haga sentir mal, o indigno de ello. Conlleva además inexorablemente a una profunda frustración. Por suerte después de la frustración aparece el borrón. Borrón y cuenta nueva porque no puedo dejar de ser quien soy, no puedo evitarlo, ni puedo ni quiero, pero sí puedo aprender a vivir con ello, a endurecerme ante la frustración y decepción.

Reconozco que no me gusta pasar desapercibido, no me gusta ser como los demás y quizás en mi foro interno necesito creer que mi existencia dejará una auténtica huella en alguien (más bien en varias personas), que realmente no fui como el resto, que fui diferente y especial. Cierto que para una madre no hay nadie como un hijo, al igual que para un hermano, etc. Pero yo quiero ir un paso más allá: quiero que alguien recuerde las frases que le dije aún cuando pasen los años, que entre las vivencias que tuvo conmigo encuentre algo que le resulte útil para solucionar un problema, que se emocione al pensar en mí, etc. No quiero el sufrimiento de nadie, pero sí creo que todos queremos un poco eso: no caer en el olvido.

No quiero pasar al ostracismo pero no por ello a partir de esta entrada voy a hacer más méritos para ser recordado. Quien me tenga que recordar que me recuerde; al menos sé que para algunas personas seré insustituible, único y aunque sean menos de las que me gustaría, por el simple hecho de recordarme sé que son las justas, ni más ni menos, porque son las que realmente me conocieron, me valoraron y me quisieron.

No pretendía ser pesimista ni negativo, simplemente compartir un pensamiento y su posterior reflexión.

Por último indicar que la foto ha sido tomada de la galería de Flickr de Rachid Lamzah cuya licencia es Creative Commons.

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Categorías:Personal, sociedad Etiquetas: , ,
  1. marzo 16, 2010 en 12:09 am

    Yo también he tenido pensamientos similares, siempre concluyo en que la forma de vivir por siempre es ser recordado, haciendo algo memorable que se quede en la memoria colectiva… algo un tanto difícil de realizar.

    Nos queda seguir siendo nosotros mismos y seguramente seremos recordados por mas de un par de personas.

    • marzo 16, 2010 en 8:23 am

      Pienso lo mismo; estoy totalmente de acuerdo con el hecho de que la mejor forma de ser recordados es ser nosotros mismos (ya que las probabilidades de hacer algo que afecte a un gran colectivo es muy difícil conseguir). Como comentaba, muchos de los “héroes” como los “villanos” que marcaron la historia de la humanidad lo hicieron por ser fieles a sus ideales y mantenerse firmes al respecto.

      Mi vida no tendrá una trascendencia a ese nivel, tampoco es lo que persigo, pero sí espero como bien dices ser recordado por más de un par de personas, confío en que no sean sólo esas cuatro que cité en mi entrada si no algunas más.

      Por otro lado y aunque no lo comenté en la entrada, sería más bonito poder obtener los resultados de ese “recuerdo” ahora, que lo pudieras notar, que pudieras sentir ese calor de la gente porque, una vez ya no estés, jamás podrás darte cuenta de eso.

      Muchísimas gracias por leerme y tomarte la molestia de comentar.

      Un saludo.

  2. Giancarlo
    marzo 17, 2010 en 6:34 am

    Alguna vez lei en un libro deshojado que la inmortalidad no es otra cosa que perpetuarse en el recuerdo de los vivos, aunque te recuerden solo dos, cuatro o cuantos quieran, ya eres inmortal. Recuerda que nuestros actos son los que escriben este recuerdo, tenemos la libertad de hacer de nosotros un pensamiento agradable o un trago amargo.

    Saludos

    • marzo 17, 2010 en 8:25 am

      Ciertamente depende de nosotros, de forma totalmente directa que alguien te recuerde para bien o para mal.

      Como concluía en la entrada, realmente me recordarán las personas que me conocieron de verdad y que me valoraron. De nada me sirve que me recuerden varias personas vagamente o por el hecho de lo que yo haya podido hacer por ellos. Si no me recuerdan es porque sencillamente ni me conocieron ni me valoraron. Sé que quien me recordará será para siempre y es con eso con lo que debo quedarme.

      Me alegra verte de nuevo por aquí, y más aún que hayas dejado un comentario.

      Un saludo.

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