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Crónica de una tarde/noche enrabietada

Aquí estoy… unas pocas horas después de haber escrito mi última entrada… Hacía meses que no tenía la desesperada necesidad de escribir tanto en un mismo día, aunque necesitaría semanas para plasmar todo lo que pienso y siento ahora mismo.

Desde la última publicación, he llenado mi despacho de papeles que fueron previamente arrojados, me tomé la molestia de recogerlos uno a uno para hacerlos añicos, he salido y he corrido muy cargado varios kilómetros intentando alejarme de mis frustraciones,  intentando soltar a cada paso esa rabia sin conseguirlo. Posteriormente caminé enfurecido hacia casa, donde al llegar, terminé desplomándome en la cama sin quitarme nada de lo que tenía encima, algo cansado y sudoroso, pero aún con mucho que sacar…

Después de unos 40 minutos con los ojos cerrados intentando tranquilizarme y no pensar en nada, me levanté y me senté a ver la tele (una actividad nada común en mí), como si esta acción representara salir del limbo en el que me encontraba… Poco después cené algo y tomé una ducha breve gracias a mi odioso termo, pero duró lo suficiente como para que cerrase los ojos y dejase que el agua recorriera mi cuerpo unos instantes. Me sequé despacio, dejando el frenesí atrás.

Al terminar pensé: ¿Para qué quiero una vida que no puedo vivir? ¿De qué sirve estar vivo si realmente no vives? ¿Acaso tiene alguna importancia lo que tengas o lo que no tengas si no te sientes vivo? ¿No es lo mismo estar muerto que no vivir la vida que tienes? No me vale simplemente vivir, al menos el concepto “básico” de respirar, alimentarme, dormir y así cada día… eso no es vivir. Eso es una vida sin vida, un sinsentido…

En estos días en los que estoy más sensible de lo normal a cuestiones relacionadas con la salud, me doy cuenta de que tener o no una casa o un trabajo, tener o no una pareja o un coche, de poco sirve si no tienes salud, si no te sientes bien, si desperdicias todo ese tiempo. Sí, todos necesitamos un lugar donde vivir, un trabajo o ser millonario en su defecto, sentirse querido y disponer de aquellas cosas que nos gustan, pero aún así, es insuficiente si no te sientes bien.

Llegados a este punto, ves claramente que algunas de estas cosas imprescindibles pueden ser las que te generen esa pérdida paulatina de salud sin que te des cuenta, que es exactamente mi caso. Soy consciente de cómo se me escapa la vida, cómo cada día, en líneas generales, no sólo no estoy más cerca de mis sueños sino que estoy más lejos. Imagino mi vida como unas tierras infértiles, que a pesar de mis denodados esfuerzos por cuidarla al máximo me resulta imposible obtener los resultados que necesito a excepción de algunas áreas de las mismas, en las que incluso han venido otras (increíbles) personas a contribuir a la causa…

Después de todo esto, aquí me encuentro, en mi cama, con mi portátil, escribiendo estas líneas a modo de desahogo, de reflexión aunque la rabia sigue aún, la frustración y el dolor. Términos con los que últimamente me encuentro más familiarizado que nunca…

Es bastante tarde, estoy muy cansado y aún sólo estamos a mitad de semana…

Ahora mismo tengo algo claro, voy a hacer una locura (no mala)… ya sé lo que voy a hacer. Os lo comentaré en cuanto lo tenga atado 🙂 (ya me aguantáis bastante, mil disculpas…)

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