Toni

octubre 3, 2011
2011-09-29_14

Esa sensación de perpetua soledad, a veces deseada otras forzada.

Sentir el vacío que sale de mí y me rodea inevitablemente.

Necesitar algo más: autenticidad.

Me miro en el espejo y sé que hay algo está mal.

Mis ojos lo ven a diario.

Mis oídos escuchan los lamentos.

Mi piel percibe indefectiblemente esa sensación.

Algo que te salpica y de lo que no te puedes deshacer.

Los días pasan, las personas van y vienen.

Experiencias pasajeras se combinan con hechos imborrables.

Pero hay algo que se mantiene firme, impasible.

Ese sentimiento de: “no sé qué”.

Quisiera no tener que mirar por la ventana con mis ojos críticos y analíticos.

Pero no es así, y ahí radica mi mayor fortaleza, que a su vez se convierte en mi mayor debilidad.

Tampoco quiero ni debo suprimir mis ambiciones ni mis sueños.

Sólo necesito ser yo.

Me siento atrapado en un mundo egoísta, interesado y forzado.

Pecados de los que yo tampoco me libro.

La incomprensión me mata, la intolerancia me asfixia.

La individualidad es una pendiente que se acentúa y me agrada.

Convivir con la apatía y tristeza de la gente es una pequeña carga con la decidívivir.

Causada o no por mis imprudencias, generadas por mi entorno o simplemente porque yo soy así.

El verdadero precio a pagar es la frustración.

Los intereses son proyectados por la prolongada sombra de los muros de la desmotivación.

Aún queda mucho queda por decir, por vivir y por sentir…

 

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